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jueves, 26 de mayo de 2022

Historias desde el dolor - Anónimo


Cuatro fotografías. Esquina superior izquierda, una pizarra blanca en la que aparece NO BULLY ZONE escrito con rotulador. En una esquina pone latapadelbaul.es Esquina superior derecha, una pizarra blanca en la que pone BULLIES ARE NOT WELCOME HERE escrito con rotulador. Esquina inferior izquierda, un niño en una esquina llorando, junto a un montón de libros, al que se le acerca otro niño para ver lo que le pasa. Esquina inferior derecha, una niña en un pupitre echada encima de sus libros, llorando, rodeada de un montón de niños y niñas que parecen estar gritándole cosas negativas.


Se llamaba María. Bueno, en realidad no se llamaba María, pero bastante le estropearon la vida como para que venga ahora a proclamar su nombre a los siete vientos. María iba a mi colegio y no era la chica más guapa de la clase, yo tampoco. Quizás por eso fui más cruel con ella de lo que jamás sería ahora. Me metía con ella como hacían los demás. Tenía miedo de que se metieran conmigo, y eso no justifica una mierda. Pero ayuda a que yo entienda una situación que ahora ni se me pasaría por la cabeza. 

Hubo una vez, un viernes, que mi padre ayudó al hermano pequeño de María y ella se lo agradeció con una sonrisa. Ese día se me rompió el corazón. Cuando volvimos del fin de semana yo quería disculparme con María y ya no estaba. Se había ido del colegio, seguramente por el acoso que recibía por parte de todo el mundo, incluida yo.

En el instituto sufrí acoso de todo tipo: me amenazaron, insultaron, me pagaron, me lanzaron objetos a la cabeza (algunos me hicieron heridas) … Dejé de ir a clase porque estaba harta de sufrir día tras día y repetí curso por ello. Y, aun así, aunque eso fuera un castigo cósmico por haber tratado a María con insultos y falsas acusaciones, seguiría sin ser suficiente. 

Nadie se merece ese sufrimiento.


Fdo: Anónimo


lunes, 23 de mayo de 2022

Historias desde el dolor - Anónimo

Cuatro fotografías. Esquina superior izquierda, una pizarra blanca en la que aparece NO BULLY ZONE escrito con rotulador. En una esquina pone latapadelbaul.es Esquina superior derecha, una pizarra blanca en la que pone BULLIES ARE NOT WELCOME HERE escrito con rotulador. Esquina inferior izquierda, un niño en una esquina llorando, junto a un montón de libros, al que se le acerca otro niño para ver lo que le pasa. Esquina inferior derecha, una niña en un pupitre echada encima de sus libros, llorando, rodeada de un montón de niños y niñas que parecen estar gritándole cosas negativas.



Soy una persona con discapacidad. Quería dejar esto claro porque es relevante. A las personas disca nos suelen hacer mucho bullying.

    En mi caso este duró muchos años, desde primaria hasta terminar el bachillerato. Más allá de los típicos golpes, insultos... poco se habla de lo que jode el vacío. El que cuando se hagan trabajos en grupo no te eligen, por ejemplo. Luego está lo de apagarte el ordenador, que tú te des cuenta (ser disca no significa que seamos tontos), y que te digan que no, que no lo han hecho. Y que los profesores se lo crean, pero cómo se lo van a creer, es más fácil pensar que la persona disca es la que miente.

    Y no, no tenía amigos. La única amiga que llegué a tener en esos tiempos se alejó y me culpó, cómo no. Mi abuelo decía que la culpa al albañil... pues eso.



Fdo: Anónimo



 

jueves, 12 de mayo de 2022

Historias desde el dolor - Anónimo

Cuatro fotografías. Esquina superior izquierda, una pizarra blanca en la que aparece NO BULLY ZONE escrito con rotulador. En una esquina pone latapadelbaul.es Esquina superior derecha, una pizarra blanca en la que pone BULLIES ARE NOT WELCOME HERE escrito con rotulador. Esquina inferior izquierda, un niño en una esquina llorando, junto a un montón de libros, al que se le acerca otro niño para ver lo que le pasa. Esquina inferior derecha, una niña en un pupitre echada encima de sus libros, llorando, rodeada de un montón de niños y niñas que parecen estar gritándole cosas negativas.

 

Mi historia con el bullying empezó en 1°ESO. Yo siempre había sido un chico bastante introvertido y para mi mala suerte, mi facilidad para hacer amigos era nula. Ese año era todo nuevo y para mi mala suerte, me toco en una clase problemática. En total había siete repetidores, uno de ellos con 17 años. (No quiero decir que todos los que repitan curso sean malas personas, pero en este caso, no resultaron ser muy agradables).

    Yo intenté juntarme con dos chicos que venían de mi mismo colegio, pues estar solo era peligroso, pero al final, estos dos amigos solían dejarme tirado en los peores momentos y uno de ellos incluso me pegaba. Recuerdo que para desfogar mi rabia destruí su foto en la orla del colegio con un punzón. El caso es que después de intentar aliarme con estas personas y ver que no era buena idea, me harté y me quede solo. El resto del curso, los repetidores se cebaron conmigo. Incitaciones para pelear, insinuaciones de sexo oral (dado que tenía el pelo largo), golpes por la espalda, zancadillas, puntadas con el compás... Para mi supuso tal infierno, que tuve que cambiar de centro, donde el bullying continuó, pero de forma más calmada. A día de hoy y escribiendo esto, me sorprende que una persona con 17 años fuera tan desagradable como para tomarla con un niño de 12 años. Lo peor de todo es que mi forma de ver la vida cambió desde ese punto y quizás por el camino equivocado. 

    Lo que hice para salir del bullying fue comprar unas pesas y comenzar a entrenar. Gané músculo y me convencí a mi mismo de que podía con todo, dando como resultado una persona poco social  y agresiva. Si bien es cierto que mi comportamiento alejó a la gente más perversa, a día de hoy me avergüenzo de determinados comportamientos que tuve. No es que me convirtiese en un bully, pero mis reacciones a una simple broma escalaban rápido. Tarde mucho tiempo en darme cuenta de que ser agresivo no me ayudaba en nada y tuve la suerte de conseguir algunos amigos.

    Pero la sola idea de que una experiencia así condiciones tanto mi forma de ser durante el resto de la adolescencia me da pena. Siempre dicen que una de las soluciones a este problema es plantarles cara, pero en mi caso, esto me convirtió en algo que no era y nunca hubiese querido ser. Desde luego me dio la confianza, pero la violencia no debe solucionarse con violencia, porque eso puede generar problemas en el futuro si no llega nadie para volver a cambiarte.



Fdo: Anónimo

sábado, 7 de mayo de 2022

Historias desde el dolor - Anónimo


Cuatro fotografías. Esquina superior izquierda, una pizarra blanca en la que aparece NO BULLY ZONE escrito con rotulador. En una esquina pone latapadelbaul.es Esquina superior derecha, una pizarra blanca en la que pone BULLIES ARE NOT WELCOME HERE escrito con rotulador. Esquina inferior izquierda, un niño en una esquina llorando, junto a un montón de libros, al que se le acerca otro niño para ver lo que le pasa. Esquina inferior derecha, una niña en un pupitre echada encima de sus libros, llorando, rodeada de un montón de niños y niñas que parecen estar gritándole cosas negativas.


A mi pequeña guardiana del tiempo:

    Otro día más has salido de casa contando los minutos que te quedan para volver. Otro día más que te has visto obligada a salir con esa gente que solo se ríe de ti, que ocultan sus verdaderas intenciones bajo una falsa sonrisa que hasta tú misma puedes leer que algo traman.

    Vas a llorar, mi niña, lo vas a pasar muy mal. Ojalá poder estar ahí ahora contigo para decirte que todo va a ir bien, pero esa felicidad que tanto anhelas va a tardar en llegar. Y aun cuando llegue, seguirás asustada. Seguirás con miedo de que te vuelvan a rechazar, con miedo de que esas personas que hoy dicen quererte, en realidad sean una copia de las niñas que una vez te sonrieron para abrazarte y aprovechar para apuñalarte por la espalda.

    Cada vez que pienso en ti, me asaltan cientos de recuerdos. No tengo que hablarte de cuando te agarraron entre dos para que un tercero te manchara de tinta la ropa, no tengo que recordarte las veces que salías corriendo de clase para llegar cuanto antes a casa y no pudieran así acorralarte, ni tengo que recordarte la vez que te atreviste a decirlo en voz alta y la profesora dijo, delante de toda la clase, que eso era algo sin importancia.

    Hay muchos recuerdos y muy malos encerrados bajo llave y tan bien escondidos que hasta me cuesta encontrarlos cuando lo intento, pero que vuelven a salir a flote en ciertas conversaciones. Se me llenan los ojos de lágrimas y la rabia crece en mi pecho al descubrir que esas heridas cicatrizadas vuelven a abrirse y amenazan con sangrar.

    Muchos dirán que te enfrentes, que esta situación te hace fuerte, pero ¿qué sabrán ellos? ¿Qué sabrán de ti? ¿Qué sabrán de esa que ha conseguido poner a las dos escuelas en tu contra? Y aunque no sean las dos, tú lo sientes así. ¿Quién te defiende? ¿De quién recibes el apoyo?, ¿de quién la fuerza para enfrentarte a esa bruja? 

    Estás sola, mi amor. Te han dejado sola.

    Llenaría estas líneas de palabras malsonantes, rajaría el papel con el lápiz y gritaría hasta quedarme sin voz si con ello pudiera viajar a donde estás. A cuando estás.

    Te sacaría de ahí y te abrazaría, te colmaría de besos y dejaría que llores contra mi pecho. Porque yo te entiendo, porque te duele y porque me duele.

    Pero no hace falta que te hable de lo que estás pasando, no hace falta que rememoremos los que van a ser 10 de tus peores años.

    No.

    Ahora toca que nos limpiemos las lágrimas y nos sacudamos el polvo de los pantalones. Es hora de que corramos descalzas, gritemos y riamos hasta quedarnos sin voz. Porque ¿sabes qué? Que un día nos querrán por lo que somos, aunque tú no te lo creas. Ni desde cuando me lees ni desde cuando te escribo nos suena creíble, pero así es.

    De cuando yo vengo, mi niña, las cosas han cambiado. Has crecido, me ha costado verlo, pero has crecido. Eres mayor, fuerte e inteligente, y si en diez años no han conseguido hundirte, tampoco lo harán ahora.

    Así que ríe, grita y llora hasta quedarte sin lágrimas, pero nunca olvides que yo estoy aquí para lo que sea.


jueves, 5 de mayo de 2022

Historias desde el dolor - S.

Cuatro fotografías. Esquina superior izquierda, una pizarra blanca en la que aparece NO BULLY ZONE escrito con rotulador. En una esquina pone latapadelbaul.es Esquina superior derecha, una pizarra blanca en la que pone BULLIES ARE NOT WELCOME HERE escrito con rotulador. Esquina inferior izquierda, un niño en una esquina llorando, junto a un montón de libros, al que se le acerca otro niño para ver lo que le pasa. Esquina inferior derecha, una niña en un pupitre echada encima de sus libros, llorando, rodeada de un montón de niños y niñas que parecen estar gritándole cosas negativas.


Tengo microftalmía (uno de mis ojos no terminó de desarrollarse durante el embarazo, por lo tanto, es más pequeño y tiene menos visión). Una vez en primaria unas compañeras se rieron de mi ojo más pequeño a mis espaldas. Me enteré por una compañera.

    Así mismo tengo un hermano con discapacidad intelectual profunda, lo que significa que necesita el cuidado 24/7 de mis padres. Por lo tanto, estoy acostumbrada a resolver los problemas yo sola, además no ayuda que me cueste bastante abrirme a la gente, lo que hace que me cueste más contar mis problemas. Por eso no se lo conté a mi maestra.
    
    Por suerte, una compañera sí se lo contó. Nuestra tutora habló con toda la clase, incluso ella misma nombró un «defecto corporal suyo», tener la mandíbula más pequeña de lo común, que no se avergonzaba de ello y que en caso de tener la opción de operarse, la rechazaría. Las chicas en cuestión me pidieron disculpas y hasta aquí la cuestión.

    En la secundaria, recibí mensajes por WhatsApp de algunos compañeros de clase y de la promoción (éramos tres líneas) llamándome «ojo follado». Tenían mi número de móvil porque teníamos el grupo de WhatsApp de clase y el toda la promoción (las tres clases de primero de la ESO). 

    También un chico me llamó «ojo follado» (a mis espaldas). Me enteré porque me lo contaron. Le dije que le contase al otro chico que si tenía valor viniera y me lo dijera a la cara. No volvieron a decirme nada más al respecto.

    De pequeña me mareaba y vomitaba cuando viajaba en autobús, igual que les pasó a mis padres. Cuando fuimos de excursión a Cardona vomité (no me manché porque me dieron una bolsa de plástico) pero imitaron el gesto de vomitar, todo eso a mis espaldas. Me enteré porque me lo contaron unas compañeras. 

    Soy una persona muy tímida y me cuesta abrirme a la gente, al menos, hasta que no les tenga confianza. Por eso siempre me quedaba sola en los trabajos (no era un problema de notas, puesto que siempre he sido una buena estudiante). Era un problema de adaptación o de no sentirme incluida en la clase, tampoco mis compañeros hicieron el esfuerzo por hacerme sentir incluida. Si había un conflicto en clase, si yo estaba implicada nunca se ponía de mi lado. Y no paraban hasta que yo pidiera perdón. ¿Me pedían perdón ellos a mí por lo que me decían? No. Ellos podían decirme todo lo que quisieran, pero pobre de mí si respondía. El caso más extremo duró varias semanas, incluso el tutor tuvo que intervenir. Yo tuve que pedir perdón, ellos nunca me lo pidieron.

    Los profesores intentaban incluirme en la clase. Diciéndoles a mis compañeros que a veces podíamos hacer daño sin darnos cuenta (refiriéndose a mí). Ellos negándolo. Yo seguía quedándome sola con los trabajos. Si alguien tenía que ir conmigo, depende de la persona todo bien, depende de otros pues mostraban su descontento y al final lo tenía que hacer sola. Así hasta 4º de la ESO, vino una psicóloga a hablar conmigo, me hizo un test de inteligencia, me daba pautas para relacionarme con mis compañeros. No arreglamos nada.

    El psicopedagogo me derivó al SESMIC, él pensaba que yo tenía un trastorno del espectro autista y que de ahí venía mis problemas a la hora de relacionarme con los demás. Después de hacer varias pruebas, todas negativas, la conclusión fue que tenía timidez. El psicopedagogo de mi instituto se sorprendió cuando mi madre le dijo que las pruebas salieron negativas. Él estaba convencido de que yo tenía algo. Las sesiones en el SESMIC acabaron cuando yo tenía 18 años, lo cual fue más pronto que tarde.

    Debido al hecho de no sentirme incluida en clase, no tener un grupo de amigos estable, me planteen el suicidio. Lo que me hecho para atrás fue que hacerlo hubiera destrozado a mi madre. Y aunque parezca una chorrada, seguía un manga de forma semanal y el ver como continuaba y que aún estaba sin terminar me salvó la vida. A parte, de ver como querían cumplir sus sueños sin importarles el resto, me hizo querer seguir adelante, ya que yo quería ser escritora. También me sentí muy unida a mi madre por eso. Ella se convirtió en mi confidente y mi mejor amiga.

    Todo lo de sentirme excluida siguió en el bachiller. Aunque en ese momento ya tenía una amiga (teníamos gustos similares), algunas veces hacía los trabajos conmigo y otras con otros compañeros (ella también era tímida pero sí que se sentía incluida en la clase y los otros la incluían). Una de ellas me ignoraba porque no le caía bien (no sé por qué no le caía bien la verdad). Aunque nunca me sentí incluida del todo, tenía a esa amiga con quien compartía mis mismos gustos por la lectura, Sherlock Holmes, etc.

    Mi madre me dijo que después todo iría mejor. Y así fue, empecé la FP. Y me sentía incluida dentro de clase. Hice mi primer grupo de amigas. Dos. Pero también me llevaba bien con todos. Ya no quedaba excluida en los trabajos. Y así todo bien. 

    Hasta que empezó la pandemia y empezó el confinamiento. En verano volví a quedar con mis amigas. 

    Empezó el segundo curso. Había la norma de que las FP y el bachiller hiciera una semana presencial y otra virtual. Separaron el grupo por la mitad. 15 y 15. Me separaron de mis amigas. Se priorizo a los grupos del trabajo de fin de ciclo. No estaba pasando en un buen momento. Creía que me seleccionarían para las prácticas DUAL  (prácticas en las que se cobra un dinero). Pero muchas empresas se echaron para atrás con la pandemia. Encima me afectó no poder estar con mis amigas. 

    El grupo del trabajo de fin de ciclo, mis compañeras eran demasiado amigas. Lo que significa que cada un se ponía de parte de la otra. Había una que intentaba poner paz pero no lo conseguía, tampoco quería mancharse mucho. La otra venga a atacar, venga a atacar. Por WhatsApp. Nunca en la cara.

    Durante el primer trimestre, faltaron bastante. Una por problemas familiares y la otra porque hacía otros trabajos con ella y no tenía carné de coche para ir a clase. Así que tenía que esperar a que la otra fuera a recoger a los niños y después dejarlos con su madre e ir a clase (el horario era por la tarde). Tuvimos una alerta del profesorado porque faltaban mucho. Más o menos lo arreglamos. Yo avanzaba el trabajo. Pocos días para el plazo de la primera entrega. Quedamos en casa de una de ellas (la que es madre) y hacemos el trabajo. De un día para otro lo cambian todo. O casi todo. Sin avisar. Entregamos. A la madre le ponen una nota más baja porque es la que ha faltado más. La otra se enfada porque dice que yo es la que lo tendría que haber tenido más bajo. Que lo habían hecho todo ellas. Normal si borran todo lo que pongo y lo cambian. Seguimos, la segunda entrega bien. Ahí como no pudieron cambiar nada y faltaron mucho en clase, terminaron la parte que les tocaba sin cambiar nada. No hubo quejas de la nota. 

    La tercera entrega del trabajo también hubo quejas por WhatsApp porque una creía que yo merecía menos nota. 

    Con el trabajo teórico, bueno, nos daban dos horas en clase, las últimas del viernes. No había muchas ganas la verdad, se la pasaban hablando. Yo hacía algunas partes los fines de semana (pequeñas porque no me gusta avanzar mucho los trabajos sin consultar la otra parte). Bien, tenemos que hacer todo el trabajo a finales de junio. Me avisan de los cambios de mi parte en tiempo muy justo (media hora antes de la exposición). Exponemos. Hay una pregunta que hace la profesora del tribunal, que contesto yo. La contesto bien. Mis compañeras me felicitan por contestar bien la pregunta. Llegan las notas. Otra vez pelea en el grupo de WhatsApp por porque tengo la misma nota que ellas. Una intentando poner paz sin mucho éxito. La otra diciendo que esa nota la tenía gracias a ellas. Todo eso por el WhatsApp. Nunca nada a la cara. Entre esta presión por el miedo a que se metieran conmigo, no poder estar con mis amigos, a que en otro trabajo grupal yo lo tenia que hacer casi todo y no haber conseguido la plaza DUAL. Me hizo plantearme el suicidio otra vez. Me echó para atrás el disgusto a mi madre y la esperanza de la universidad todo mejor y sueño de ser escritora. Incluso pensé en no ir a mi graduación de la FP por miedo a encontrarme con esa compañera. Al final sí que fui pero ella no porque trabajaba.

    Ahora estoy en la universidad, estoy muy feliz. Me siento incluida en la clase, tengo mi grupo de amigos, no me quedo excluida en los trabajos (aunque ese temor aún sigue). Conservo varias amigas del ciclo.


Fdo: S.