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lunes, 27 de junio de 2022

Pescadores (relato)

 (Este relato tiene como base «Pescadores»)


—En la fosa tres hay destellos verdes esporádicos.

—Al norte del muro todavía no vemos nada, señor.

—Aquí el vigía de fauna. Los cachalotes han escapado de la zona siete. No se distinguen brillos pero sí migraciones de bancos pequeños y grandes.

—En el arrecife no hay movimiento. Repito, no hay movimiento.

En la sala del Mando Marino, el comandante Ton’O recibía las comunicaciones telepáticas de sus vigías y trasladaba la información al mapa que tenía delante. Era una reconstrucción con sus fosas, montes y arrecifes. En el centro se situaba un círculo amurallado que protegía la ciudad submarina de Yreley. A su alrededor había doce zonas de protección que debían controlar. Tropas de tres ciudades ya habían tomado posiciones, y el ataque estaba cada vez más cerca. Flotó alrededor de la mesa tallada en piedra. Aquello no pintaba nada bien. Pasó una mano sobre la fosa tres, el área se iluminó y esparció piedras color esmeralda por su superficie. Reflejaban la luz del globo luna que dominaba la sala.

¿Cómo habían llegado a esa situación? El coronel Sula llevaba semanas enviando emisarios a las diferentes ciudades para tratar de calmar los ánimos. Habían devuelto solo sus colas carmesí. No quería imaginar las torturas a las que podrían haberlos sometido antes de… Antes de aquella barbaridad. Ahora la guerra se cernía sobre la maravillosa Yreley, que quedaría reducida a unas simples ruinas si no podían detener aquel sinsentido.

 —Hay movimientos de delfines en la zona doce, parece que una cría se ha quedado rezagada.

—Señor, no hay rastro de los escualos habituales.

—Una barca de la superficie ha atacado al delfín, se ha sumergido un humano.

—¡Vemos destellos púrpura al norte! Parecen miles de…

—¡En la zona siete también son púrpura y…!

—¡Silencio! —transmitió el comandante con un grito mental que sorprendió a los vigías—. ¿Qué es eso de los humanos?

—Se han metido en nuestras aguas de nuevo, señor. Cada vez están más delgados, no deben tener mucha comida con la huida de los bancos de peces.

—Me da igual las reservas que tengan. ¡Traed a esos asesinos!

La furia lo recorrió de pies a cabeza como una violenta erupción volcánica. Agarró un arpón de combate con sus poderosas garras, hinchó los músculos y, con un rugido, partió el arma por la mitad. El agua a su alrededor se calentó varios grados mientras golpeaba las paredes de la sala. ¡Ellos! ¿Cómo se atrevían a aparecer ahora? ¡Todo lo que tocaban lo destruían! Un desastre de la naturaleza, eso eran, y arrastraban la ruina por donde pasaban.

Absorbió agua en grandes cantidades y lo expulsó por las branquias a los lados de su enorme cuello. El aporte de oxígeno pareció calmarlo un poco, y se apoyó en el mapa. Con su inconsciencia, habían provocado aquella guerra. Humanos de centenares de islas esquilmaban la fauna marina sin ningún control. Yreley había salido en su defensa, tratando de evitar que fueran borrados del mundo. «Debían ser educados, no exterminados», había dicho el general Sula. Todas las ciudades habían enviado representantes de los Fondos a la superficie. Solo volvieron las cabezas, arrojadas al mar con el resto de su porquería: no eran más que basura para aquellos bárbaros. El resultado había sido la guerra. Como defensores de los terrestres, la derrota de su ciudad era necesaria antes del gran ataque a los poblados humanos.

Su amada Seyndara había ido en uno de los primeros grupos de embajadores. Se habían despedido con un abrazo y una sonrisa, y ahora no volvería a ver brillar sus ojos cuando se ocultaban bajo el arrecife, no volvería a sentir su risa recorrer su mente mientras saltaban con los delfines, no volvería a acariciar su piel sedosa y sus iridiscentes escamas. Los humanos habían asesinado al amor de su vida y él había gritado de dolor en los brazos de Sula.

 —Los tenemos, comandante. Los llevamos en una burbuja hacia el palacio.

—Bien. Me encontraré con vosotros por el camino.

 Ton’O se concentró y enlazó con la mente de Sula.

 —Siento molestarle, general.

—Dime, Ton’O, ¿cómo avanzan las tropas enemigas?

—Han ocupado ya las zonas tres, siete y doce. En el arrecife no se mueve nada, así que suponemos que también dominan la zona cinco.

—Es el momento. Voy a organizar la evacuación a los búnkeres de la ciudad para la población civil.

—Tenemos algo importante que comentar. Han encontrado a dos humanos en el área doce cazando una cría de delfín. —Ton’O trató de contener su dolor, aunque sabía que en las transmisiones telepáticas los sentimientos se filtraban sin control.

—No podemos perder el tiempo con eso ahora. Entiendo tus sentimientos. Tráelos y zanjemos este asunto de una vez por todas.

 El comandante abandonó la sala de Mando y nadó veloz hacia el palacio y los humanos. Mientras se aproximaba pudo ver las filas de sirenidae que se dirigían hacia la seguridad bajo tierra. Las escamas relucían bajo la luz de cientos de globos lunares que iluminaban las calles de la ciudad. Malva, oro rosa, turquesa: una infinita paleta de colores refulgía con fuerza, y destacaba contra la oscuridad del fondo que se apreciaba apenas a unos cientos de metros. El dolor por sus vecinos lo atravesaba como una lanza. 

—Se están despertando, Ton'O.

—Ignóralos.

 Los humanos se desperezaron despacio y miraron a su alrededor. El hombre abrió mucho los ojos y trató de mirar en todas direcciones al mismo tiempo. Se arrastró hasta que su espalda topó con el borde de la burbuja en la que estaba recluido junto a la mujer, que aparentaba estar más calmada. Y los dos lo vieron.

La burbuja se detuvo junto a una inmensa estatua, casi tan grande como el palacio que había detrás. La parte inferior de su cuerpo se componía de cientos de tentáculos entrelazados, mientras que la parte superior era la de un hombre musculoso. La furia en la mirada que se fijaba en ellos, la boca entreabierta mostrando unos enormes colmillos, las manos como garras que sujetaban lo que parecían víctimas aplastadas y a medio devorar: todo eso vieron los humanos, que se abrazaron y comenzaron a llorar de puro pánico.

 —Ya han llegado, general. Están esperando junto a la estatua de Can'Tel —envió Ton’O.

—Bien. Cuanto antes terminemos con esto, antes podremos volver a nuestras tareas urgentes. Ocúpate de traerlos a mi sala —transmitió Sula, desde detrás del escritorio. Mientras esperaba, se volvió para mirar por el ventanal.  De todas las ciudades al este de la Fosa, aquella era la menos poderosa, su estructura mostraba su obsesión por la defensa, siempre temiendo un ataque.

 —Señor, sus «invitados» lo esperan.

 Cuando llegó el coronel los encontró esposados. Un hombre y una mujer, dentro de una burbuja terrestre que les permitía sobrevivir allí abajo. El comandante Ton’O estaba a su lado, agarrando con fuerza un arpón, junto a varios escoltas.  

—Ton’O, quiero que seas tú el que hable con ellos.

 El comandante, con una mueca de asco, se puso un casco burbuja con un comunicador incorporado. La gente de la superficie era tan primitiva que todavía se comunicaban mediante sonidos. Los estudiosos de la Época Terrestre aún no se explicaban cómo habían podido sobrevivir tanto tiempo con una tecnología tan rudimentaria. En los Fondos dominaban la telepatía hacía siglos, no había otra forma de comunicarse bajo las aguas.

 —Terrestres, habéis llegado en mal momento —rugió a través de los altavoces de la burbuja. Los humanos se sobresaltaron.

—¡Podéis entendernos! ¡Esto es una pesadilla! —La mujer se puso de rodillas, llorando—. ¡No somos una amenaza!

—Por supuesto que no, eso ya lo sabemos —gruñó Ton’O. Llevaba años sin hablar y la garganta empezaba a picarle—. Pero ¿por qué habéis llegado justo ahora? Estamos al borde de una guerra.

—Ha sido una desafortunada coincidencia, gran señor. —El hombre aún no había acertado a decir palabra y miraba asustado a su compañera mientras hablaba—. Estábamos buscando algo para comer y descendimos demasiado. Por favor, esto no volverá a suceder.

—Ton'O, ¿quién los encontró? —envió el coronel Sula.

—Una patrulla de la periferia. Estaban pescando, tratando de atrapar un delfín. —Volver a la telepatía de vez en cuando le permitía ordenar sus ideas y descansar sus cuerdas vocales vestigiales.

—¿Cómo? ¿Un delfín? ¿A eso se dedican en la superficie? ¿Ya no tienen nada que comer en su estercolero y quieren venir a destruir nuestros Fondos? —El coronel hizo una pausa. Miró fijamente a su comandante, cuyos ojos oscilaban entre la furia y la tristeza—. Esto ha durado suficiente. Les hemos defendido y hemos sacrificado a amigos y familiares por ellos. No merecen nuestra protección. Termina esto. Ya.

—Os creo, amigos. Queremos corregir este malentendido. Os invitaremos a cenar y os llevaremos a la superficie. Deberéis decirles que somos un pueblo de paz y que no queremos batallar —dijo Ton’O.

 Los humanos sonrieron y se abrazaron mientras se los llevaban en la burbuja.

 —¿Tenéis su barca? —preguntó el comandante a los escoltas.

—Sí, comandante.

—Llevadlos allí después de la cena y dejad que el resto de los humanos nos conozca. No quiero más problemas.

 El escolta sonrió, sus colmillos brillaron a la luz de los globos lunares.

 —¿Qué parte queréis, comandante?

 —Me gustan los riñones, pero acordaos de deshuesarlos antes de cocinarlos, estarán más blandos. No dañéis el esqueleto, quiero que la señal del barco sea definitiva.

 Al día siguiente, empezarían la batalla sin hambre.

 



sábado, 28 de mayo de 2022

El fuego de Terulia (Inventízate)

 (Los relatos de Inventízate se cuelgan en bruto, tal y como fueron subidos a la web, sin revisar previamente. Más tarde serán objeto de Análisis y de reescritura, pero sois bienvenidos a opinar sobre el texto)

Restricciones

a. Tema central: un romance entre dos seres de planetas distintos (la Tierra no vale)..

b. Haz verosímil ese romance en al menos dos frases.


Grulp alzó tres de sus cincuenta y siete tentáculos, tiró de sendas palancas al mismo tiempo y la compuerta de la nave bajó con un suspiro, igualando la atmósfera interna con la externa. Sabía que el aire sería dulzón, pero no estaba preparado para aquello. Sus múltiples sensores identificaron decenas de sustancias químicas diferentes que, lejos del caos, conformaban una melodía que casi podía oír con su bulbo olfatorio central. Descendió despacio hacia la superficie de aquel mundo que tan bien conocía.

Y, sin embargo, solo hacía unos giros solares que lo había encontrado mientras estudiaba Terulia, una enana roja con tendencia a potentes estallidos. Uno de los planetas del sistema era diferente del resto. El análisis de su composición era muy extraño, cambiante. Durante casi veinte ciclos de luz estudió aquel punto del espacio. Cada vez estaba más convencido de que no era un planeta cualquiera. ¡Giraba en dirección contraria! Los otros cuerpos de aquel sistema lo hacían en un sentido y aquel mundo iba al revés.

Entonces, sucedió una catástrofe. Ante sus ojos, una llamarada de Terulia envolvió los tres planetas más cercanos, esterilizó su superficie con el fuego de las estrellas y avanzó hacia aquel cuarto cuerpo celestial ¡que se movió! Pareció expulsar algún tipo de chorro al espacio con potencia suficiente para esquivar la destrucción. Grulp cayó al suelo, sus 4.500 kilos tentaculosos enredados del susto.

Un ciclo de luz más tarde volvió a mirar, temeroso. Seguía allí, giraba y titilaba. Un parpadeo. Otro. Dos, tres, cinco, ocho, trece… Al rato se dio cuenta, ¡era una serie! ¡El planeta estaba vivo!

Primero fue el pesar por la previsible muerte de aquel maravilloso ser a manos de su estrella. Pero, ¿y si iba a salvarlo? Sus cinco corazones latieron desbocados, ¡podía ayudar!

Tardó otros diez ciclos en tener todo preparado para partir en su nave y poner los motores al máximo. Llegar hasta allí aún le llevaría un par de giros, pero la ansiedad y la espera hicieron crecer en él sentimientos incomprensibles que lo hacían temblar de expectación.

Al pisar el suelo, blando, orgánico, se abrió un orificio húmedo y cariñoso. Los aromas lo impulsaron a entrar y sus tentáculos encontraron donde acomodarse. El planeta lo acarició y sintió sus aromas extraños: olía a metal, a mar, a compasión y a esperanza. El enorme mundo se emocionó: había cruzado el universo solo para salvarlo de aquel infierno. Alrededor de los tentáculos el terreno tembló de alegría un instante. Entonces lo abrazó despacio amando a su salvador.

Grulp comprendió que lo quería con todos sus corazones y sus tentáculos y no podía concebir las once dimensiones sin aquel ser que lo rodeaba.

Lo amaba tanto que se disolvió en él y le dio, por fin, la energía que necesitaba para escapar de la trampa mortal de Terulia.


lunes, 25 de abril de 2022

Promesas a la luna (Inventízate)

(Los relatos de Inventízate se cuelgan en bruto, tal y como fueron subidos a la web, sin revisar previamente. Más tarde serán objeto de Análisis, pero sois bienvenidos a opinar sobre el texto)

 

Restricciones

a. Tema central: una batalla entre dos (o más) seres fantásticos.

b. Ambientación: un contexto de grimdark


Ternak rio de forma salvaje. Se lo estaba pasando en grande. Hacía siglos que no se divertía tanto. En la mano derecha sostenía un hacha y con la izquierda agarraba por el pelo a un joven de la aldea saqueada. Estaba sucio y sollozaba con aquellos ojos rasgados y las orejas puntiagudas. Lo sujetó contra el suelo, levantó el arma y la bajó con ansia. En el último instante algo lo golpeó, lo lanzó varios metros más allá, y lo hizo rodar por el suelo embarrado. Se levantó, muy enfadado, y la vio.

    Seena se alzaba delante del elfo con una espada en la mano. El ogro rugió y se abalanzó sobre ella. Descargó el hacha contra su cabeza, ella paró el golpe con fuerza y lo desvió hacia la izquierda. Él giró sobre sí mismo y trató de cortarla por la mitad pero solo encontró aire mientras ella rodaba por debajo del filo mortal. Le clavó una daga en la pierna y la retorció, dejando un charco bermellón. El monstruo aulló, se volvió mucho más rápido de lo que esperaba y la golpeó en la cabeza con su puño, tan grande y duro como una pala. Seena retrocedió con sangre entre los colmillos y le bufó.

    Se midieron unos segundos, Ternak aprovechó para arrancarse el cuchillo y dejarlo caer. El ogro avanzó con el hacha a dos manos, con golpes mortales uno detrás de otro. Ella atajó el primero y el segundo con agilidad y empezó a preocuparse. El monstruo parecía poder seguir así de forma indefinida, debía acabar rápido o tendría problemas. Fueron girando despacio mientras detenía y desviaba un golpe tras otro, que caían con la furia del infierno. Sus bloqueos se debilitaron y el ogro empezó a sonreír. Seena dio un traspié.

    El ogro se lanzó hacia adelante para darle el golpe final con una risa demente. Bajó el hacha y la vampira pareció recuperar de golpe toda su fuerza, desvió el ataque y aprovechó su desequilibrio para girar por detrás de él y empujarlo. Ternak tropezó con el cuerpo del elfo y cayó al suelo. Seena se arrojó sobre él y le atravesó el enorme cuello con su espada. El ogro trató de respirar, gorgoteó y dejó de moverse.

    Los pocos humanos que quedaban vivos se acercaron a darle las gracias. El elfo se levantó como pudo y fue hacia ella.

—No sé cómo daros las gracias, desconocida.

—No soy tan desconocida —dijo ella. Se giró hacia los otros—. ¡Ya no os molestará más, id tranquilos!

Se miraron y empezaron a alejarse.

—No he dicho que tú puedas irte, orejas puntiagudas.

—¿Qué puedo hacer por vos?

—Nada. Estas personas son inocentes. Pero tú no. Recuerdo tu sombra cada minuto.

    Se lanzó sobre él, le rompió el cuello y absorbió hasta la última gota de sangre. Cuando se sació, miró hacia la luna y recordó su promesa. Aquel hijo de puta no volvería a violar a nadie.




miércoles, 23 de febrero de 2022

Pescadores (Inventízate)

  (Los relatos de Inventízate se cuelgan en bruto, tal y como fueron subidos a la web, sin revisar previamente.  En el caso de este relato, lo reescribí y amplié para una convocatoria. Lo colgaré en la próxima entrada de relatos.)

Restricciones

a. Deben aparecer mínimo seis acotaciones (3 dicendi y 3 no dicendi) correctamente puntuadas.

b. Tiene que ocurrir en una ciudad submarina.

 

 —Ya han llegado, Sula. Están esperando junto a la estatua de Can-Tel.

Bien. Cuanto antes terminemos con esto, antes podremos volver a nuestras tareas urgentes. Ocúpate de llevarlos a mi sala, Ton-O —transmitió Sula, desde detrás del escritorio. Mientras su guardia se alejaba flotando, se volvió para mirar por el ventanal. De todas las ciudades al este de la Fosa, aquella era la menos poderosa, siempre temiendo un ataque, y la estructura mostraba su obsesión por la defensa.

Señor, sus «invitados» lo esperan.

Sentía su miedo incluso desde allí. La gente de la superficie era tan primitiva que todavía se comunicaban mediante sonidos. Los estudiosos de la Época Terrestre aún no se explicaban cómo habían podido gobernar el mundo con una tecnología tan rudimentaria. En los Fondos dominaban la telepatía hacía siglos, no había otra forma de comunicarse bajo las aguas.

Cuando llegó los encontró esposados, un hombre y una mujer, dentro de una burbuja terrestre que les permitía sobrevivir allí abajo. Tan desvalidos y débiles, le daban asco. Casi tanto como la forma de hablar con ellos. Se puso un casco burbuja con un comunicador incorporado y se dirigió a ellos.

—Terrestres, habéis llegado en mal momento —dijo a través de los altavoces de la burbuja. Los humanos se sobresaltaron.

—¡Podéis entendernos! ¡Esto es una pesadilla! —La mujer se puso de rodillas, llorando—. ¡No somos una amenaza!

—Por supuesto que no, eso ya lo sabemos —gruñó Sula. Llevaba años sin hablar y la garganta empezaba a picarle—. Pero, ¿por que habéis llegado justo ahora? Estamos al borde de una guerra.

—Ha sido una desafortunada coincidencia, gran señor. —El hombre aún no había acertado a decir palabra y miraba asustado a su compañera mientras hablaba—. Estábamos buscando algo para comer y descendimos demasiado. Por favor, esto no volverá a suceder.

Ton-O, ¿quién los encontró? —Volver a la telepatía de vez en cuando le permitía ordenar sus ideas y descansar sus cuerdas vocales vestigiales.

Una patrulla de la periferia. Estaban pescando, tratando de atrapar un delfín.

¿Cómo? ¿Un delfín? ¿A eso se dedican en la superficie? ¿Ya no tienen nada que comer en su estercolero y quieren venir a destruir nuestros Fondos? —Sula decidió que aquello tenía que terminar de una vez. No podían distraerse con los terrestres en aquel momento.

—Os creo, amigos. Queremos corregir este malentendido. Os invitaremos a cenar y os llevaremos a la superficie. Deberéis comunicar a vuestra gente que somos un pueblo de paz y no queremos batallar —dijo el tritón.

Los humanos sonrieron y se abrazaron mientras se los llevaban en la burbuja.

¿Tenéis su barca?

Sí, señor.

Llevadlos allí después de la cena y dejad que el resto de los humanos nos conozca. No quiero más problemas.

¿Qué parte queréis vos?

Me gustan los riñones, pero acordaos de deshuesarlos antes de cocinarlos, estarán más blandos. No dañéis los huesos, quiero que la señal del barco sea definitiva —envió Sula mientras se alejaba relamiéndose.



miércoles, 26 de enero de 2022

Análisis de "El despertar"

Este artículo es un análisis en profundidad de mi relato «El despertar» de la sección Inventízate.


Te aconsejo que lo leas antes de seguir, porque nos vamos a internar en la zona spoiler.





¿Seguro? Pues vamos allá.


Era mi primer relato para Inventízate y lo envié sin repasarlo debidamente. Aquí se pueden ver un montón de cosas que NO SE DEBEN HACER:

ESTRUCTURA:

  • Frases demasiado largas.
El olor fuerte del asado flota por la estancia, revolotea por las paredes, juguetón y todo lo invade con su esencia, que le recuerda a otros Yules, con su padre, ajeno a los problemas del mundo y con el solo propósito de hacer callar aquellas tripas cantarinas que tanto hacían reír a su madre.

 Esta frase es casi un párrafo completo y se podría partir en, al menos, dos frases más cortas:

El olor fuerte del asado flota por la estancia, revolotea por las paredes, jueguetón, y todo lo envade con su esencia. Le recuerda otros Yules, con su padre, ajeno a los problemas del mundo, cuando solo debía hacer callas las tripas cantarinas que tanto hacían reír a su madre.

  • Frases demasiado cortas, que destacan con las frases demasiado largas.
Ruido.
Golpes.
Alguien habla en tono grave y fuerte.
Abre los ojos.

Esto se podía haber unido en una sola frase más coherente.

Oye, ruido, golpes, el sonido de una voz grave y fuerte. Abre los ojos.
  • Las exclamaciones no quedan bien. Parecen más notas para el autor que escritos para el lector.
  • Aunque se usa una temática específica, hay demasiados términos que si no se explican pueden resultar confusos: Yggdrasil, Thrym, Mjolnir, la aventura de Thor y Loki...
  • El narrador en tercera persona parece un poco confuso. Siendo un sueño lo que hay que relatar, probablemente en primera persona habría quedado bastante mejor.
  • Hay alguna errata en el texto, fruto de no haberlo revisado antes lo suficiente.


TRAMA:
  • La longitud de las frases, ya comentada, redunda en cambios en el ritmo del relato. Frases largas lo hacen más lento y frases cortas lo aceleran. Por tanto, el problema de estructura también afecta a cómo se siente el relato, que va acelerando o frenando sin la coherencia que debería.
  • Es difícil empatizar con los personajes, no hay ninguna indicación de emociones de ningún tipo. Solo hay descripción de escenas, de fotos. No hay movimiento. En un relato es muy importante conseguir que los personajes muestren sus emociones, todo lo que sienten y así el lector se puede sentir identificado, dudar, alegrarse o entristecerse.
  • La idea detrás del relato era representar dos partes y que al final el lector no supiera cuál era real. La primera es un hombre que se duerme con su familia y sueña que es Thor. La segunda es que Thor despierta de un sueño en el que estaba con una familia y se encuentra rodeado de gigantes. No está bien hilado y, en lugar de parecer un recurso creativo, es confuso. No parece tener sentido la primera parte con la segunda.
  • Continuando el punto anterior, se cuenta una historia muy específica de la mitología de Thor y Loki (aquí os lo dejo por si tenéis curiosidad), cuando ambos se disfrazan de mujer para recuperar el martillo de Thor (Mjölnir). Por eso es difícil entender lo que está sucediendo, es algo demasiado concreto que es muy probable que el lector no identifique.

Aquí acabo con el mea culpa. Si os parece interesante, si tenéis algo que comentar, para bien o para mal, os animo a dejar un comentario sobre el relato.




lunes, 24 de enero de 2022

El despertar (Inventízate)

 (Los relatos de Inventízate se cuelgan en bruto, tal y como fueron subidos a la web, sin revisar previamente. Más tarde serán objeto de análisis, pero sois bienvenidos a opinar sobre el texto. Este en concreto fue mi primera participación, deprisa y corriendo y con poca revisión. El miércoles lo destriparé con mi análisis.)

Restricciones

a. Debe ocurrir durante el Yule.

b. Debe mostrar una experiencia onírica.

 

 Se le cierran los ojos. Sentado en la silla, relajado al fin, observa, adormilado, cómo su hija agita las coletas debajo del árbol que habían conseguido encajar en la casa. Su hijo mayor está orgulloso de haberlo llevado él solo y alardea de que podría ser un hijo de Yggdrasil.

Se le cierran los ojos. El olor fuerte del asado flota por la estancia, revolotea por las paredes, juguetón y todo lo invade con su esencia, que le recuerda a otros Yules, con su padre, ajeno a los problemas del mundo y con el solo propósito de hacer callar aquellas tripas cantarinas que tanto hacían reír a su madre.

Se le cierran los ojos. Ve la risa de su mujer, de mofletes rellenos y caderas anchas, como buena vikinga, esposa y madre, ojos encendidos de orgullo por sus hijos de y de amor por su hombre cada vez que lo mira.

Se duerme mirando a sus ojos.

Ruido.

Golpes.

Alguien habla, en tono grave y fuerte.

Abre los ojos.

Tras un extraño velo que parece cubrirle el rostro distingue una decena de ¡gigantes! Todos lo observan esperando, mientras el que tiene enfrente, impresionante, inmenso (Thrym, recuerda en ese momento sin saber por qué), se frota las manos nervioso. Gira la cabeza y ve a otra mujer con velo (no, ¡es Loki!) con la mirada tensa y fija en él. Resbala por su cuerpo y acaba clavada en algo que tiene sobre las piernas. Algo muy pesado.

Baja los ojos. Y lo ve.

Eleva un brazo como la pierna de un buey y agarra el mango de Mjölnir.

Y sonríe.

miércoles, 29 de diciembre de 2021

Próximas secciones

 ¡Hola, amores!

En los próximos días iré abriendo nuevas secciones en el blog, que llenaré con un montón de cosas bonitas.

Este año he participado en Inventízate de Literup. Colgaré los relatos cada mes y los comentaré con cuchillo en los dientes. Después de cada análisis, reescribiré el relato en base a la revisión.

La publicación de Legado es algo muy importante para mí, así que tendrá su propia sección.

También colgaré microrrelatos que he publicado en mi twitter (@shapirowilks)

Además, explicaré lo que hay detrás de cada relato de cada sección. Podréis ver el origen de cada uno, motivaciones, razones para escribirlo de una forma o de otra... Todo en la sección Análisis.

Algunos de mis relatos los he grabado en audio. Los colgaré en iVoox y los pondré aquí también en audiorrelatos. He creado el programa «La tapa del baúl» también para tenerlos juntos y quien quiera pueda seguirme también allí.

Finalmente, iré adelantando contenidos mi novela en curso «Un mundo oscuro» en una sección específica del blog.

Os veo cuando levantéis La tapa del baúl.